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ENTREVISTA | ABHIR

ENTREVISTA | ABHIR

Por: Diego Rubio

El artista indocanario continúa trotando salas de toda España y escenarios de festivales como su propia cacharrería con la estampida de elefantes que es «Brown Boy» , un trabajo arrollador, oscuro, intenso e implacablemente contundente lanzado a finales de 2023 y en el que se reconcilia con sus orígenes, con sus objetivos, con sus valores e inquietudes musicales. Este mes asalta el Holika Festival en Calahorra, donde volverá a demostrar que la agresividad y la violencia encima de un stage también pueden ser purificadoras.

ABHIR es un grandísimo aficionado a las charlas TED. En los últimos tiempos ha estado llevando en el fondo de pantalla de su teléfono móvil un pantallazo de una de ellas, impartida por Michael Brody-Waite: ‘Great leaders do what drug addicts do’. En ella, el exadicto contrapone su propio proceso de recuperación con el éxito personal y la adquisición de liderazgo en la vida, basándose en tres principios, que ABHIR relata bastante bien: 1) “Practica la autenticidad de forma rigurosa, o sea, ponlo por delante de todo. A la gente le cuesta, a mí incluido”, explica el artista indocanario con voz quieta pero siempre encabalgado en un impulso irrefrenable. “Estoy cansado del término ‘real’; no es lo mismo que ser auténtico, la autenticidad viene con lado oscuro”. 2) “Surrender the outcome, que significa que estés dispuesto a sacrificar el resultado, porque el resultado no es la razón por la que estás haciendo esto. Y en este trabajo es importante tener esto presente porque parece que el resultado siempre es lo que se consigue, siempre es lo que está delante… Cuando yo opero buscando resultados a mí no me sale bien, y me he dado cuenta. Cuando hago las cosas por amor, o sobre todo por disfrute, me sale mejor; el resultado me hace pensar demasiado”. Y 3) “Do uncomfortable work, ejecuta trabajos incómodos. Cuando había algo que no me apetecía hacer me daba como ese empujón que me faltaba para levantarme de donde estuviera y lucharla”. Los tres puntos saludaban a ABHIR cada vez que cogía su móvil. “Ese fondo de pantalla me recordaba todo el rato lo que yo quería hacer, sobre todo, a largo plazo. No de rellenar canciones, escribir versos y terminar producciones, sino de que es lo que yo quiero hacer con mi proyecto: cuando tuve miedo de que BROWN BOY BOUNCE no se aceptara veía ese fondo y se me olvidaba la duda”.

En cierto modo aquel tema, y sobre todo GO GETTER, avanzaban un cambio evidente de rumbo desde las sonoridades más R’n’B, suaves, templaditas y poperas de Lazos y nudos (2021), e inducían a ABHIR a entrar en su black era. “De un lado más naif a otro incluso punk”, como él mismo reconoce. BROWN BOY (2023) es oscuro, bombástico, incluso tenebroso por momentos, complejo y referencial. Y definitivamente mucho más bold. “BROWN BOY fue el resultado de un proceso de experimentar”, recuerda. “Me apetecía más eso que jugar sobre seguro; yo soy una persona que se aburre con facilidad de todo. Me había aburrido un poco de una fórmula y quería romper con eso”. Pero además sentía la necesidad de evolucionar su carrera en paralelo a como estaba evolucionando su vida, reencontrándose con su pasado, expandiendo sus horizontes, actualizando conceptos y terminando con dudas e inseguridades personales. “Mi proyecto y mi persona están muy conectados. Yo no estoy interpretando a un personaje como tal que va mutando, sino que acompaña mucho la etapa de mi vida en la que me encuentro. En Lazos… tenía 24 años y ahora acabo de cumplir 28… El tiempo pasa, crezco y me voy dando cuenta de cosas. Antes tenía una percepción distinta del arte, y de mi arte. Ahora me excita mucho más cuando me supone un quebradero de cabeza. Para mí ahora prima la experimentación, la diversión, pasármelo como un niño chico en el estudio… eso es BROWN BOY”, confiesa el artista, de nombre real Abhir Hathiramani y nacido en Gran Canaria en 1996.

Para llevar a cabo esta metamorfosis ha sido fundamental la colaboración de Saint Lowe, gran responsable de la revolución sonora que acomete el disco, elefantino en su aproximación a la épica y el impacto. Junto a Choclock, Tuiste y Mayo han abrazado una dirección que mira a la cara a las producciones norteamericanas post Yeezus, y que junto a discos como Motomami de Rosalía y Me muevo con dios de Cruz Cafuné avanza un nuevo estándar para la música en nuestro país. “Carlos -Cruzzi- y yo escuchamos música muy similar, así que las referencias están ahí, aunque luego cada uno tenga su propia vertiente: quizá yo me voy un poquito más oscuro y él se va un poquito más rapero. Yo crecí escuchando música negra en su mayoría, y siempre me atrajeron los momentos más oscuros. Quitando Kanye West, me gustaban raperos así duros, de calle, más nicho, como Young Jeezy, Ace Hood o Chief Keef… A mí siempre me encantó la música celebrativa, aunque fuera violenta. No pienso que la música tenga que tener un mensaje positivo; para mí es un vehículo de expresión y no me importa que haya momentos tóxicos, agresivos… Porque, tío, la música no es un libro de autoayuda. Disfruto de incomodar a través de la música, y si lo he conseguido con alguna gente me sentiría muy orgulloso. Es algo que simplemente me hace libre y que admiro en otros artistas”.

Pero BROWN BOY no mira solo a EE UU. Ante todo, lo hace al interior del propio ABHIR, que se ha reconciliado primero con sus orígenes para ejecutar la transición. Por un lado, de algún modo siempre fue un verso suelto en la escena canaria, prácticamente como todos los asociados al 928 -West Dubai, Highkili, Ptazeta…- en un momento en el que el 922, Tenerife, con el efecto esponja que generaba la BNMP, parecía marcar el camino. “Yo empecé a volar a Tenerife por ellos, porque teníamos química. Me abrieron la mente a la idea de que había más gente a la que le gustaba lo que a mí”, recuerda hoy, con Cruzzi establecido como un tótem de nuestra escena urbana a nivel internacional y Quevedo reinando en el mercado latino y situando a Gran Canaria en el foco. “Tengo la suerte de tener a los dos en mi disco y ya está. Yo dejé de buscar mi hueco porque entendí que donde yo esté, estoy con mi luz, y ya está. He dejado de pensar en etiquetas porque estoy centrado full en mi música y en pasármelo bien con ella”. Por otro, en ese reencuentro consigo mismo ha abrazado la identidad india de su familia: “En mi casa siempre se ha escuchado Bollywood, no Rubén Blades o Buena Vista Social Club -que me encantan-, como les pasa a algunos compas míos. Me parece un símbolo de orgullo, y un símbolo de poder, que yo decida, saliendo de Canarias, y España, que son sitios donde no se entiende para nada mi cultura, ponerlo en el altavoz del que yo dispongo. Obviamente no sufrimos tanto racismo como los marroquíes, pero a veces parece que no existimos”. Por eso BROWN BOY está plegado de referencias, conceptuales y sonoras, a la cultura de la que es originario.

Pero él, dice, no piensa nunca en términos de territorio. “Coge MANGO LASSI, por ejemplo: yo soy indocanario, Juicy es sevillana, y el ritmo mezcla una alegría con elementos de la cultura india y con choppeos bastante kanyewestianos y una jerga gringa. No estoy pensando en mi casa haciendo eso, ni estoy pensando en la gente que vaya a salir este viernes a Antídoto”. Parte de su éxito reciente se basa en aceptar ocupar un lugar difuso, su propio lugar, en una encrucijada de músicas e influencias que también hacen parada en el clubbing y el rap británicos. “Travis y Skepta me gustan por igual. De siempre conecto más con los americanos, pero los británicos me parecen mucho más elegantes y me flipa la manera de trabajar. A Saint Lowe le pasa lo mismo; hemos compartido, tenemos amigos allá y he visitado mucho Londres en estos últimos tiempos, me he ido empapando un poco de la cultura y eso se traduce en el disco, pero de una forma no meditada”. Con todo ese cóctel, más ideas que nunca sobre la mesa, más convicción, ambiciones y un contrato de distribución en Latinoamérica con el coloso Dale Play, ABHIR brama más alto que nunca, de una forma casi ensordecedora. Y reclama su reinado en la sabana. GO GETTER.

 

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